Sufragistas, heroínas modernas

 

El 18 de diciembre, DeAPlaneta estrena Sufragistas, cuyo material de prensa ha sido traducido por Traducciones Decine. El título original de la película, Suffragette, es un término que acuñó la prensa británica para mofarse de las activistas del movimiento por el sufragio de las mujeres y que éstas acabaron haciendo suyo. El voto femenino es un concepto que hoy en día damos por sentado y consideramos indisociable de cualquier democracia. Sin embargo, hace sólo un siglo, las mujeres, junto con los presos, los enfermos mentales y los hombres pobres, estaban excluidos del proceso parlamentario en el Reino Unido.

En un principio, los miembros más activos y militantes del movimiento eran mujeres jóvenes y solteras con pocas responsabilidades domésticas, generalmente de clase acomodada. Conscientes del poder que tenía el por aquel entonces incipiente arte de la publicidad, crearon una «marca» que les resultó muy útil como herramienta propagandística: adoptaron los colores morado, blanco y verde, se anunciaron con carteles y mensajes con tiza en las aceras y tomaron las calles en el Londres eduardiano. Desfilaban al son de marchas sufragistas, se encadenaban a edificios gubernamentales, daban discursos en público e incluso celebraron un festival de coronación paralelo concidiendo con la ascensión al trono de Jorge V.

Por desgracia, tras décadas viendo cómo sus reivindicaciones eran desoídas por el poder, desdeñadas por la sociedad y ridiculizadas por la prensa con crueles caricaturas y titulares, el movimiento sufragista se radicalizó a la vez que mobilizaba a activistas de todas las capas de la sociedad. Las mujeres de clase trabajadora empezaron a organizar mítines, a hablar y a ser oídas por primera vez, trabajando codo a codo con mujeres de otras clases unidas por el vínculo del mismo ideal. En la década de 1910, el movimiento reorientó su estrategia a los ataques contra la propiedad y a la alteración de la vida pública. Más de un millar de sufragistas fueron condenadas a prisión por su militancia, donde protestaron por las condiciones penitenciarias mediante huelga de hambre y fueron sometidas a la tortura de la alimentación forzosa. A la larga, la entrega y el sacrificio de mujeres como Emily Wilding Davison, Emmeline Pankhurst y sus hijas Christabel, Sylvia y Adela, empezó a conmover al público.

Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, las mujeres se volcaron en el apoyo al esfuerzo bélico. De hecho, el movimiento sufragista había inspirado en sus partidarias una confianza e independencia que les permitió desafiar el dominio masculino de la sociedad en la que vivían y demostrar que las mujeres estaban preparadas para asumir responsabilidades reservadas a los hombres. La contribución femenina a la victoria y la recuperación económica del país se reconoció en 1918 con la concesión del derecho al voto parlamentario a las mujeres mayores de treinta años pertenecientes a la clase adinerada.

Ahora sólo nos queda preguntarnos por qué este capítulo tan crucial de la historia moderna no ha sido tratado con profundidad en el cine hasta ahora. Pasemos la palabra a las mujeres protagonistas de este hito en la historia del cine:

PosterSufragistasNos sorprendió lo adelantadas que estaban aquellas mujeres a su tiempo. Rompieron todos los tabúes y convenciones sociales. Nos dimos cuenta de que la gente de ahora tenía muy poca información al respecto. En cierto modo, se ha ocultado. No se enseña en las escuelas, y no hay mucha consciencia sobre los límites a los que llegaron las sufragistas, con la colocación de explosivos y los ataques a la propiedad, ni sobre la brutal respuesta de las autoridades, con las palizas de la policía y la alimentación forzosa en las cárceles. Parecía una historia jamás contada.
Sarah Gavron (directora)

Quizá, en muchos sentidos, seamos la primera generación de mujeres con poder. Pero también soy consciente de la desigualdad y el sexismo que aún reinan, aunque de una forma menos patente en el mundo occidental, pero desde luego están ahí en otras partes del mundo, como por ejemplo Nigeria, Pakistán y Oriente Medio.
Abi Morgan (guionista)

Esta película va sobre las mujeres. Sobre la lucha por ser escuchadas, por tener voz. Pero, por supuesto, su mensaje resulta relevante para todos, tanto mujeres como hombres, para cualquiera a quien le interese la justicia social y la igualdad, y la necesidad de todos los seres humanos de sentirse valorados.
Faye Ward (productora)

La nuestra no es una película sobre una época pasada que ya no nos incumbe. No trata sobre un hecho histórico, sino sobre un movimiento de vocación universal que aún continúa vigente.
Carey Mulligan (Maud Watts)

Esta película reta a los espectadores a preguntarse hasta dónde habrían llegado por defender sus propios derechos.
Helena Bonham Carter (Edith Ellyn)

Todas nuestras hijas deberían conocer esta historia, y todos nuestros hijos, grabarla en su corazón.
Meryl Streep (Emmeline Pankhurst)

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